martes, 17 de mayo de 2016

La soberbia de Chanel en La Habana



                                                                         Al final del show en el Paseo del Prado, en una imagen del Facebook de Chanel



Me prestas tu casa para hacer un fiesta... pero no te invito.

Así actuó la francesa Chanel, una de los casas de moda más influyentes en el mundo.

Lo hizo en La Habana, donde presentó por primera vez una Cápsula, es decir, una Colección, como ahora se les nombra a los avances de tendencias.

Fue también la primera vez que en Latinoamérica se realizó un desfile de esta marca, fundada por Coco Chanel, y que ahora comanda el alemán Karl Lagerfeld.

Todos sabemos del contraste: relumbrón donde se vive la precariedad. Su lógica: el ego y la soberbia que ahora pueden alcanzar los diseñadores, llamados directores creativos.

Me gusta la moda y sus transformaciones, sobre todo la que ha saltado a las calles y ha sido creada por la propia gente y sus alcances monetarios y creativos. 

Aprecio a Cuba y a su gente, por lo que me pareció un acto de vergüenza ajena que Lagerfeld y su sello no dieran más que su valiosa presencia.

En cada pasarela, Chanel gasta mucho dinero para mostrar sus creaciones de alta costura o prêt-à-porter (listo para usarse). 

Ha montado parafernalias como una de 2010 cuando prácticamente se llevó el Ártico a París.


                                                                                                                                                  Pasarela de Chanel en 2010 en París



En Cuba, se trataba nada más de exhibir por primera vez la belleza de sus telas y creaciones, algunas, piezas artesanales y artísticas. No sólo montar una exposición de 200 imágenes del propio Lagerfeld en su faceta como fotógrafo, que se exhibió como parte del Mes de la Cultura Francesa en Cuba, preludio al esperado desfile.

Es decir, ¿cuánto pudo costar un espectáculo para todos? ¿Cuánto saldría exponer sus indumentarias?

Hubiera sido cortarle un hilo a un vestido hecho de piel de angora, como la que usa Chanel para sus prendas.

No es posible que, ahora que la moda es expuesta en museos y es parte importante de las economías en las grandes capitales, vuelva a una oscura frivolidad con actos elitistas como el de La Habana.

El desfile se realizó en el hermoso Paseo del Prado, un bulevar a 300 metros del mar, en medio de un fuerte dispositivo de seguridad que mantuvo al margen a los cubanos curiosos.

En La Habana, sólo hubo pocos “invitados especiales”, pero gran todo el mundo supo del desfile en el que se dio a conocer la colección Crucero, línea en la que, además de los diseños más simplones que se han visto en sus recientes Colecciones.


                                                                                                 Ilustración de Edel Rodríguez tomada de Chanel.com


En el paso de gato destacaron las simplonas playeras de Coco con la leyenda: Cuba Libre. O las boinas muy a la Che Güevara. También presentaron cortes destacados con lentejuelas pero de igual forma con lugares comunes referentes a Cuba. Hubo sombreros inspirados en los de Yarey. Cliché barato en ropa cara.

Artistas y autoridades cubanas asistieron al acto, además de actores hollywoodenses de medio pelo como Vin Diesel, quien grabó en El malecón algunas secuencias de la saga de carros chocones Rápido y furioso número 15, 16, o ya no recuerdo.

Durante el show los agentes de seguridad se apostaron en las afueras de los edificios que rodean al Paseo del Prado --arreglado para la ocasión-- y en calles aledañas.

Desde las terrazas o los balcones se asomaban cubanos. Poco pudieron ver.


                                                                         El espectáculo en el Paseo del Prado

Comunicado de güeva



"Explorar nuevos horizontes es una manera de encender imaginaciones y renovar la visión de nuestra marca, compartiendo al mismo tiempo la cultura y herencia de los lugares elegidos para nuestros desfiles de moda", dijo Chanel en un comunicado de güeva.

Incluso se dijo que, en un afán de reverencia, el nieto de Fidel Castro, un joven de 17 años de nombre Antonio, desfilaría en la pasarela. Nunca sucedió. Sólo se incorporaron unas tres modelos cubanas.

El espectáculo finalizó con todas las efigies bailando al son de una banda afrocubana y se había iniciado con una bonita participación del dueto cubano francés Ibeyi, conformado por las gemelas Naomi y Lisa-Kaindé Díaz, hijas del extinto percusionista Angá Díaz. Fue de lo destacable.

Luego del seudo montaje, los asistentes fueron a la plaza de la Catedral, que se adecuó para, obvio, armar un reventón al que sólo accedieron unos cuantos.

Pocos cubanos, claro, como la cantante Omara Portuondo o los miembros del grupo Gente de Zona. 


La moda, hasta en museos


La moda lleva años llenando los museos más importantes de arte contemporáneo. Algunos creadores son considerados artistas. Otros tienen sus propios recintos, como el francés Yves Saint Laurent o el vasco Cristobal Balenciaga.

Hoy día, “la moda no es sólo un lujo estético y periférico de la vida colectiva, sino que se ha convertido en un elemento central de un proceso social que gobierna la producción y consumo de objetos, la publicidad, la cultura, los medios de comunicación, los cambios ideológicos y sociales...” 

Lo anterior lo afirma el filósofo y sociólogo francés Gilles Lipovetsky en El imperio de lo efímero, ensayo sobre este mundo prejuiciado que provoca el “reflejo crítico antes que el estudio objetivo”.

En una entrevista que le hice al francés en 2012 y que se público en La Jornada, Lipovetsky me comentó: “El ser humano no es monolítico; el individuo en la actualidad no es homogéneo, no está hecho de una sola pieza, sino de contradicciones”.



Mundo fascinante



En lo personal, me fascina la moda. Más bien, la cultura de la ropa, del textil, porque da identidad y muestra la personalidad.

La moda es ahora un relajamiento estilístico en el que, toda prenda se puede vincular potencialmente con toda: lo nuevo con lo vintage, los contrastes con las combinaciones... Esto da nacimiento a nuevos estilos y formas. Es decir, se ha mutado conforme a las necesidades y posibilidades de la gente, que cada vez más gusta de verse bien con lo que tiene o le alcanza.

El filósofo francés Roland Barthes, en su libro El sistema de la moda, considera la siguiente paradoja: “...la moda ha exterminado toda singularidad pensada del vestir, absorbiendo tiránicamente la singularidad institucional de éste”. (p. 407)


                                                                                                                                     Karl Lagerfeld, previo al desfile



No creo que Lagerfeld sea un tirano. Estoy seguro que es un creador. 

Al final de su espectáculo chafa en La Habana, el llamado Kaiser se presentó como hace al final: con una chaqueta con brillantes, sus clásicas gafas oscuras, sus guantes negros y sus botines. 

Y seguro, con el ego hasta el cielo. 


Les dejo el video del desfile: