A lo largo de nuestra vida creamos una necesidad
espiritual por la música...
Más que eso: tenemos una cercanía
orgánica con ese metalenguaje.
En días recientes, científicos del Instituto
Tecnológico de Massachussets, en Boston, dieron a conocer que identificaron
neuronas que responden selectivamente a la música.
Antes no se había comprobado si teníamos mecanismos
específicos para percibirla.
Pues neurólogos de ese instituto estadunidense,
seguramente melómanos, hallaron una población neuronal en el área de la corteza
auditiva que reaccionó cuando las notas entraron por los oídos de 10
voluntarios adultos, los cuales estuvieron expuestos a 165 sonidos ambientales,
discursos y fragmentos de música, entre otros.
La investigación reveló a seis poblaciones. Algunas de
ellas sólo respondió a la voz, y otras, a la acústica ambiental.
Máquina de
resonancia
La actividad cerebral de los participantes fue
registrada por una máquina de resonancia magnética funcional que mide el flujo
de sangre y permite
mostrar las regiones que ejecutan una tarea determinada, como la del
goce de escuchar arte sonoro.
La investigación no estudió si las personas nacen con
esas neuronas o si éstas se desarrollan durante el crecimiento.
No indagó sobre
la presencia de esas células musicales en cerebros de niños para saber a
qué edad comienzan a crearse. Ni tampoco sobre las diferentes
capacidades de las personas para crear música, algo que seguro involucra a un aspecto
metagenealógico.
Es posible que esas células surjan luego de que comenzamos a
exponernos a la música, a decir del autor de la investigación, el profesor Josh
McDermott.
Aunque ninguno de los participantes en el
ensayo era músico, lo importante es que se ha demostrado
que ha partir de que percibimos los primeros bocados melódicos, nuestro cerebro
muta en un jardín en el que germinan flores neuronales
que desarrollan el gusto por esa energía intangible.




