Cine en Ciudad Nezahualcóyotl, 1968 Foto: Véronique Godard
Santo contra las lobas fue la primera película que vi en una pantalla grande...
Fue un viaje
iniciático, cuyo guía fue mi hermano mayor, que en ese tiempo era un adolescente. Una ocasión
regresó a casa temprano de la secundaria argumentando que habían suspendido las
clases.
Mi madre no le creyó y debido a que tenía que salir, le encargó al hermano menor.
Pese a la encomienda, decidió ir al cine con unos amigos, y con quien esto escribe.
Fuimos a la permanencia
voluntaria del cine Santos Degollado, al norte de la ciudad. No estaba cerca de
casa pero era muy barato.
No recuerdo cómo
llegamos a esa sala, un lugar al que entraba toda clase de personas: trabajadores, albañiles,
amas de casa, jóvenes ataviados con uniformes escolares... Iban al desmadre, a
gritar, a la catarsis, o simplemente a tomar unas chelas sin que nadie los
molestara.
Todos tenían
cabida en el Santos Degollado, hasta un niño con apenas uso de razón que,
muchas noches posterior a la función, alucinó con el terror de las exuberantes
mujeres lobo, enemigas absolutas del único superhéroe mexicano de carne y hueso:
El Santo, el enmascarado de plata.
La mayoría de
los niños contaban sobre sus primeras visitas al cine. Casi todos hablaban de películas de ratones, patos y perros. Historias del
popular Lindavista, el cual, también al norte de la ciudad, exhibía todas las
películas de Disney. La ex casa y capilla colonial en
la que se había construido esa sala hacía alucinar a los chamacos vivir en el
mundo de Mickey Mouse.
Luego de estar
en el Santos Degollado, obvio que todo lo relativo al Lindavista con todo y sus
cuentitos de princesas resultaba bastante ñoño.
El Santos, inmerso en la colonia Casas Alemán, tenía toda la magia de ser un auténtico cine piojito, aquellos en los que no importaba la clasificación de las películas, los horarios, las fallas, el respeto... Todo el desmadre que ahí ocurría era natural. También lo eran sus precios. Tan económicos que lo hacían bastante democrático y plural.
Ofrecía
películas ya recorridas y viejas. Estrenos pasados y películas de ficheras, de
luchadores, muchos churros que, sin embargo, promovían el acto intrapersonal de
estar frente a una pantalla, aunque fuera para distraerse de un día de trabajo; o
para irse de pinta o para cachondear.
Mucho público se
perdió en el maremágnum de la basura fílmica que ofrecían los cine piojito como
el Santos Degollado.
Cintas que ahí
se mostraban como las protagonizadas por Alfonso Zayas y Angélica Chain --con
todo y sus escenas sabrosas-- no dejaron huella formativa cinematográfica,
claro, pero sí ofrecieron un rico tiempo de ocio para hacer lo que se quisiera en
el anonimato de la oscuridad de una sala.
Por aquellos
años, en el Santos Degollado algunas de las películas más populares sin duda fueron
las de luchadores, en particular las de El Santo.
Con una de este
héroe del cuadrilátero se inauguró mi adicción al cine.
Años posteriores
revisité ese ameno y guarro centro para degustar de dos gemas de la cinematografía: El día de los albañiles, protagonizada
por la pareja Alfonso Zayas- Angélica Chain, y el pilón: Raza de víboras, que estelarizaba el barón del video-home, el
extinto Valentín Trujillo.
Una función en
la que las palomitas o cacahuates que caían del cielo, o las mentadas de madre,
eran gratis.
Dos pelis por una. Así hasta alcanzaba para la
copa Holanda o la naranjada Bonafina.
El Santos Degollado, como muchos otros del estilo, dejaron huella en la cultura popular con su
simple existencia.
Hasta en Ciudad
Nezahualcóyotl había cines piojito, o hay... Quizá uno que otro siga
funcionando por ahí o sobreviva como fantasma en algún barrio por donde no haya
pasado la mirada de los senadores Palpatine de la exhibición (ver la saga Star
Wars). Es decir, las monopólicas
cadenas que han uniformado la manera de proyectar el arte audiovisual en
nuestra mega urbe.
Cartel de Santo contra las lobas








