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| David Lynch durante el rodaje de Blue Velvet |
En 1985 el alemán
Peter Braatz fue invitado por David Lynch para hacer el making of del que sería uno de los emblemáticos filmes del estadunidense: Blue Velvet.
Por tres meses, Braatz tuvo acceso total a los sets. Reunió horas de pietaje; entrevistas y miles de fotografías...
Por tres meses, Braatz tuvo acceso total a los sets. Reunió horas de pietaje; entrevistas y miles de fotografías...
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| David Lynch (Peter Braatz, 1985) |
Parte de
aquella recolección terminó convirtiéndose en el documental No Frank In Lumberton, que fue terminado en 1988 pero que tuvo una limitada
distribución. Sólo se exhibió en la televisión alemana.
Peter había editado ese audiovisual sólo con el 30 por ciento del material que había captado. En 2015, con el setenta restante, produjo un nuevo largometraje, Blue Velvet Revisited.
Peter había editado ese audiovisual sólo con el 30 por ciento del material que había captado. En 2015, con el setenta restante, produjo un nuevo largometraje, Blue Velvet Revisited.
Para este trabajo, consideraba que lo terso del terciopelo necesitaba la suavidad de una buena caricia
acústica. O sea, una gran banda sonora. Tanto Braatz como Lynch son compositores y, aunque en este caso se tratara de un documental del tras bambalinas, hay que recordar que las películas Lynchianas están cobijadas acústicamente casi siempre por el gran Angelo Badalamenti.
Era esencial contar con un score encantador.
Los encargados de hacerlo fueron los músicos británicos del grupo Cult With No Name, y los
estadunidenses de Tuxedomoon.
Para el filme, los nigromantes del ruido fusionaron elementos clásicos contemporáneos, jazz, krautrock y ambientes electrónicos.
Su pócima acústica fecundó tan bien en Blue Velvet Revisited, que a la par se editó un disco, que más bien fue una suite suave y tersa a tono para una tela
como el terciopelo azul, tan aristocrática como intensa.
Peter Braatz, Erik Stein, Jon Boux, Luc Van Lieshout, Blaine L.
Reininger, Peter Principle (quien está entre nosotros, pero en otro plano), y
Steven Brown, son los creadores que dejaron con ese cedé archivo de constancia del interminable coito entre cine y música.
Pretexto de
saber que en cartelera de Cineteca se proyectaba una película de David Lynch, recordé
la imagen de una flor color generosidad que tengo en mi jardín.
Es decir, el mencionado disco: obsequio old skool del oaxaqueño
Steven Brown, quien nació en
Chicago pero quiso ser de Oaxaca…
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| Desde Oaxaca, un regalo de generosidad |
Con el
violinista Blaine L. Reininger y el bajista Peter Principle, formó a final de la década de los
años setenta a Tuxedomoon, grupo avantgarde post-punk, que en San Francisco, California, inició su
emanación de fuego cósmico sonoro.
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| Steven Brown y Juan José Olivares hace varios ayeres por calles de Polanco |
Desde hace muchos
años, Brown decidió residir en México... voló a los altiplanos
zapotecos.
Creó a las
agrupaciones Nine Rain, Ensamble Kafka y Cinema Domingo Orchestra, que musicaliza
clásicos del cine mudo. Ha producido y grabado con bandas de la sierra
Mixe.
Bueno, es un energético
colifato y flaco dinámico. Alguien que deja su perfume en lo que hace, como con este álbum, en el que rinde, con un sencillo gesto, admiración por Lynch y su plástica
magia cinematográfica.
El hechizo, mutado en placa (editada por el
sello de Bélgica Crammed Discs), contó con menjurjes del inglés John Foxx, de Ultravox.





