sábado, 20 de febrero de 2016

El abrazo de la serpiente

                                                                                                                                                            Karamakate, el chamán
 



El abrazo de la serpiente es una película de esencia distinta.

Está confeccionada con bellos hilos cinematográficos para la vestimenta de un viaje introspectivo a la cosmogonía de la flora.

Propone al espectador húmedo vuelo hacia una tierra de ensueño.

Ofrece imágenes bicromáticas de un paraje onírico en medio de un irremediable conflicto cultural, el del fin de los pueblos amazónicos.

Es un gesto audiovisual que presenta al ser humano que se extravió a causa de la división, las guerras, el odio, la xenofobia… Pero también en una bondadosa búsqueda espiritual.

La reflexión etnográfica parafrasea a la sabiduría de los pueblos de la selva.

Busca la definición de fe para dos mundos: uno occidental y otro que en su totalidad respeta el poder de la naturaleza; que observa, huele, siente y escucha, pero que sobre todo, sueña.

La planta sabia, savia valiosa emana, aunque sea ella tesoro para el hombre blanco egoísta.


                                                                                                       Karamakate, 40 años después



Un chamán de nombre Karamakate olvida sus conocimientos porque los blancos han llegado. También su avaricia. Aún así, confía, siente que puede recuperar a su pueblo, el Cohiuano, porque las plantas y las estrellas así lo han dictado.

El abrazo de la serpiente abraza, pero también besa el aura. Recuerda en la pantalla al poder destructor del colonialismo del humano civilizado pero también el sueño del hombre sabio.

El director colombiano Ciro Guerra y su increíble equipo, sustancia en la pantalla han dejado: realizan archivo de ficción que destroza realidad.

El cauce de un río conductor da la verdad: que muchos pueblos, con todo y su cultura, han sido exterminados y desplazados hasta el mar.

Bitácoras científicas

La película está inspirada en las bitácoras que realizaron dos exploradores: el etnólogo alemán Koch-Grunberg, quien con sus anotaciones contribuyó al reconocimiento de algunas de las culturas de la región; así como el botánico estadounidense Richard Evan Schultes, quien registró las propiedades medicinales de algunas plantas como la Yukrona.

Schultes conoció en 1909 a Karamakate, cuando el chamán se auto exilia porque dice convertirse en un chullachaqui: ser vacío sin emociones o recuerdos. Cuarenta años después viene a él Schultes.

Los exploradores no saben que lo que buscan no es la piedra filosofal del conocimiento, sino lo que en ellos está dentro.

El chamán conoce a uno y luego a otro cuatro décadas después, tiempo que tarda en entender su último viaje onírico, su misión final.

Antonio Bolívar y Nilbio Torres son los dos indígenas que interpretaron magistralmente en dos tiempos a Karamakate.

El estrujón de este reptil celuloide, que tatúa epidermis, busca el Oscar como mejor película extranjera.

También se exhibe en la Cineteca Nacional.