sábado, 30 de enero de 2016

Will Smith y el doctor Bennet Omalu anotan touchdown contra la NFL y Hollywood

                                                                                              Fotograma de La verdad oculta




La historia en cine del doctor Bennet Omalu molestó a Hollywood y a la que muchos estadunidenses consideran, según unas líneas de la película, como un “Dios o una religión”: la NFL.

La academia de Hollywood dejó a esta película fuera de la contienda por los Oscar, así como al protagonista Will Smith, quien encarnó a Bennet Omalu, científico forense especializado en patología y neurología. Un loco “vudú” criticado por sus compañeros de trabajo porque antes de realizar sus autopsias platica con los que se adelantaron.

Este médico de los muertos es un inmigrante nigeriano que, en la ciudad de Pittsburgh tenía buen empleo en el servicio forense.

Un día se encontró con “un regalo”: el cerebro de un suicida. Era un jugador de futbol americano profesional destacado que padeció trastornos mentales y que había finiquitado su vida a los 50 años.

Era Mike Webster, ex estrella del equipo Acereros de Pittsburgh. Campeón que terminó viviendo en la calle.



                                          Will Smith como Bennet Omalu



Viaje cotidiano con los muertos


En su viaje cotidiano para descifrar el motivo de partida de sus pacientes, el estudiado africano encontró que, al jugar de centro en la línea ofensiva, Mike Webster había recibido unos 70 mil impactos en la cabeza a lo largo de su vida.

Se le había desarrollado una enfermedad mental nueva: la Encefalopatía Traumática Crónica en deportistas (CTE, por sus siglas en inglés).

Así nombró Omalu a su patología que causaba deterioro mental. El hallazgo logró publicarlo en una revista científica en colaboración con otros neurólogos.

Creyó que un éxito como éste lo incluiría en la sociedad estadunidense para la cual era invisible. Lo único que obtuvo fue una declaratoria a muerte por parte de la NFL, entidad comercial que por cierto para la transmisión del próximo Super Bowl en unos días, cobrará a los anunciantes cinco millones de dólares por 30 segundos.

Quién con esas ganancias puede aceptar perder con teorías sobre los daños a sus jugadores. Por eso, la investigación del forense desafió, sin proponérselo, a algo sagrado.


Estupendo corredor de poder


Si Omalu tuviera un posición en este deporte, sería un estupendo fullback o corredor de poder. Uno que avanzaría yardas y yardas gracias a un líder de la línea de golpeo como Mike Webster.

Omalu anotó el mejor touchdown sin haber practicado en su vida.

Le dio la victoria a su equipo, el de la ciencia, contra el del poderoso conjunto de los dueños de la liga.

Una jugada directa en la que el tacle ofensivo y el tightend o ala cerrada abrieron un hueco por el que cruzó el nigeriano hasta las diagonales.

Omalu se convertía hace unos años en el jugador más valioso del Super Tazón, pero de la vida.

Provocaba una tacleada letal a la NFL, gracias al bloqueo del neurólogo Julian Bailes, quien era médico de los Acereros de Pittsburgh en ese entonces y el cual terminó apoyando al africano.



                                                      Will Smith, Bennet Omalu y el director Peter Landesman



La verdad oculta de las contusiones cerebrales en la NFL


De esta historia surgió Concussion, que en México nombraron La verdad oculta y que pasó desapercibida, casi sin hacerse notar, ni siquiera como la mecha de la nitroglicerina que explotó contra Hollywood por su “falta de diversidad y la ausencia de actores negros” para la próxima entrega de los Oscar.

Recordemos que los primeros en protestar fueron el director Spike Lee y la actriz Jada Pinkett Smith, esposa de Will Smith, actor principal de Concussion, contusión cerebral, en español.

La verdad oculta fue muy agresiva para los jefes de la liga de americano… y quizá también para los académicos de Hollywood.

Will, Spike, Jada, hay que entender que no es fácil postular a un protagonista negro, quien encarna a un gran personaje, también negro, que además es un inmigrante y un investigador que con su hallazgo “ofende” a una institución.
Una entrenadora, pero de actores,  me comentó que el trabajo de Will Smith fue por lo menos de un año, intensamente. De convivencia, no sólo con el real Bennet Omalu, sino con inmigrantes africanos. Lo que le hizo dominar un inglés golpeteado.

Sin pensar mal en la redes omnipresentes de la celestial NFL, parece que el director y guionista Peter Landesman y el productor Ridley Scott, ofendieron a la liga… y a Hollywood, con su personaje y protagonista negros.

La verdad oculta narra con congruencia esa parte importante en la vida de alguien que tienen un sueño, el sueño americano, pero que en su viaje restriega sin querer lo que es ética a sus nuevos paisanos.

Omalu es Will Smith, o viceversa.

El error de esta película es haberse hecho porque es el registro de lo que a los estadunidenses les cuesta ver.

Sin quererlo, La verdad oculta intercepta un pase a la NFL y produce un balón perdido a Hollywood.







sábado, 16 de enero de 2016

El salvaje y teatral viejo oeste de Ennio Tarantino


                                                               Escena de Los 8 más odiados
                



¿El cine y la música son artes complementarias?

“No”, me respondió en una ocasión Ennio Morricone, creador de más 550 bandas sonoras para películas y series de televisión.

En una entrevista que le hice en 2008 me dijo que “la música es adjunta al cine cuando se compone ex profeso. Cuando se  crea una pieza que no es para el arte visual es hablar de otra cosa: la música absoluta”.

Le cuestioné si el trabajo del compositor de música para cine había sido valorado. "La música se considera casi necesaria para el cine, tanto que a los compositores se les reconoce como autores”, dijo.

Morricone fue postulado el jueves para obtener un Oscar por el score que hizo para la película de uno de sus fans: Quentin Tarantino, quien recibió el pasado domingo, en nombre del italiano, el Globo de Oro por las composiciones para ese filme.


                                                                   Tarantino y Morricone en Abbey Road Studios. Grabación en vivo de la música del filme



Al nivel de Mozart o Beethoven


En la ceremonia de los Globos, Tarantino aseguró Morricone era “su compositor favorito". No se refería a compositores de música para cine, sino en general. Lo puso al nivel de Mozart o Beethoven.

Morricone había dado a Tarantino piezas para Django sin cadenas, Bastardos sin gloria, y para las entregas de Kill Bill.


Pero en 2003 dijo que no trabajaría más con él porque colocaba la música “sin coherencia”. También dijo que Django… no le había gustado porque tenía “demasiada sangre”.


Morricone perdonó a Tarantino y ahora la música de Los 8 más odiados, melodrama filmado en 70 milímetros, busca el Oscar.



                                                            Kurt Russell y Samuel. L Jackson en un fotograma de Los 8 más odiados



El perdón para los odiados


Del filme, Jennifer Jason Leigh y Robert Richardson persiguen las estatuilla en las categorías de actriz de reparto y director de fotografía, respectivamente. La de ella es intensa; hace de una freak que se alimenta del masoquismo y la rudeza. Lo que se opone al protagonista.

La cinematografía de Richardson dará pelea a la de Emmanuel Lubezki por El renacido.

La academia estadunidense dio sólo tres oportunidades a Tarantino. Se queda al margen de las categorías de mejor película y director. No cumplió para los miembros que entregan los premios. Pero hay que decir que su protagonista es negro. Como lo fue en Django sin cadenas, que le dio nada más el premio en el rubro de guion, en 2013.


    Tarantino con Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh y Tim Roth en la cabaña salvaje



Smartwestern


Tarantino hace su episodio del viejo oeste. Una comedia negra montada casi teatralmente.

El escenario más importante: una cabaña en las montañas de Wyoming, el infierno blanco, en el que confluyen ventiscas, bandidos, cazarecompensas, colgadores y ex cambatientes. Son los años posteriores de la guerra civil estadunidense (1861-1865).

En este smartwestern, el ex militar Marquis Warren, encarnado por Samuel L. Jackson --en su séptima participación con este director-- es ahora un cazarecompensas que busca llegar un pueblo en el que cobrará el valor de dos cuerpos.

Su deseo se confunde: ganarse la vida sanguinariamente o sólo evitar encontrarse con “cualquier blanco armado”.

Historia de tinta oscura con una descarga intensa de líneas que pueden conducir al sueño si no se vuela a la par de los subtextos.






El poder de una ventisca. Puesta en escena en seis episodios


La entrada del filme tiene el poder de una ventisca de las montañas de Wyoming en invierno, lugar donde podías morir por hipotermia o por una bala.

Un inicio apabullante en plano secuencia cobijado por maquiavélicas partituras de Morricone es droga que coloca al espectador… arriba de una carreta de diligencia, y con rumbo a un poblado en el que se ahorca a quien transgrede la ley. 
 
Tarantino se lanza a construir una puesta en escena dividida en seis episodios en un breve espacio.

Confía en su texto. También en la fuerza histriónica de Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Walton Goggins, Tim Roth, Michael Madsen, Bruce Dern, Jennifer Jason Leigh y Demián Bichir.

La foto de Robert Richardson equilibra con la exuberante carga diálogos en una caja de madera en el bosque, en la que se refugian personajes con terribles biografías pero con legítimos deseos.




                                                                                     Marquis Warren y Bob El Mexicano







sábado, 2 de enero de 2016

El renacido

                                                     
                                                                                                      Leonardo DiCaprio como Hugh Glass
            

Una brutal y bella escena del ataque de un oso a un hombre en la que incluso el vaho del animal empaña a la pantalla, da la fina esencia de hiperrealismo a Revenant: El renacido.

La película está ubicada en el año 1823 en Norteamérica, donde los colonizadores buscaban riquezas por tierras de los pueblos originales, lo que resultaba en violentas batallas.

Se basa en pasajes de la vida de Hugh Glass (caracterizado por Leonardo DiCaprio), quien tuvo la mala fortuna de encontrarse con una madre oso que protegía a sus crías. Pareciera una alegoría de la defensa que hicieron las culturas del lugar ante la invasión, el saqueo y las vejaciones.

Glass, un ex pirata que decide cambiar de piel –metafóricamente— y formar familia con una mujer de la tribu pawnee, se había alquilado como guía de un grupo de militares y cazadores de alces, de los que obtenían sus cotizadas pieles. 

La expedición es emboscada por guerreros nativos, los que ellos llamaban “rojos”.

Con algunos “occidentales”, Glass escapa en busca de regreso a un fuerte. En su afán de hallar el camino, no sólo se encuentra con el salvaje grizzly, sino con la traición de uno de los sobrevivientes, que lo abandona.

Todo lo que hace un padre

La venganza puede hacer que un humano resucite… o al menos le ayude a tener aliciente para sobrevivir en condiciones en medio de la nieve y con heridas de muerte.

 "Mi corazón sangra, pero la venganza está en manos de Dios”, dicta la línea más poderosa del guión. La dice a Glass un hombre que lo encuentra. Es el chamán de una tribu, padre de una familia que fue asesinada y que divaga por la nada.

Todo lo que puede hacer un papá por defender a su hijo o su hija es lo que cuenta esta película: viaje de emociones contado con tomas largas a temperatura bajo cero y en medio de la indómita naturaleza, escenario del ríspido encuentro de culturas.


                          
                                                                                                                                                                       Una escena del filme
   


Michael Punke firmó esta novela que Alejandro González Iñárritu y su crew convirtieron en un diluvio de estéticos fotogramas, los cuales contrastan con lo agreste de la naturaleza en el norte del continente, donde en ese tiempo la vida poco valía. 

Ya sea en grúa o montada en el steadycam de su operador, la cámara de Emmanuel Lubezki se desliza entre los personajes, que tienen un trazo actoral perfecto. 

Ellos abren los pasillos por donde la lente fluye y hace que el espectador se introduzca entre los ríos, los árboles, la nieve… por un escenario bestialmente bello.


                                                                                                                              Iñárritu, DiCaprio y Lubezki


Su mejor película


La avaricia, el racismo, la venganza, pero más aún, el amor profundo de padre, se aprecian en esta obra, la mejor que han entregado Iñárritu y Lubezki.

También es el mejor papel que han hecho Leonardo DiCaprio y Tom Hardy, protagonista y antagonista, respectivamente. Enmudece la música del japonés Ryuichi Sakamoto, Bryce Dessner y Carsten Nicolai.

Películas como Revenant: El renacido se suceden cuando hay dinero, una historia poderosa, artistas y técnicos que se entregan con visceralidad para crear un producto extraordinario.

Su estreno está previsto para el 22 de enero.