La
historia en cine del doctor Bennet Omalu molestó a Hollywood y a la que muchos
estadunidenses consideran, según unas líneas de la película, como un “Dios o
una religión”: la NFL.
La academia de Hollywood
dejó a esta película fuera de la contienda por los Oscar, así como al
protagonista Will Smith, quien encarnó a Bennet Omalu, científico forense
especializado en patología y neurología. Un loco “vudú” criticado por sus
compañeros de trabajo porque antes de realizar sus autopsias platica con los
que se adelantaron.
Este
médico de los muertos es un inmigrante nigeriano que, en la ciudad de
Pittsburgh tenía buen empleo en el servicio forense.
Un
día se encontró con “un regalo”: el cerebro de un suicida. Era un jugador de
futbol americano profesional destacado que padeció trastornos mentales y que
había finiquitado su vida a los 50 años.
Era
Mike Webster, ex estrella del equipo Acereros de Pittsburgh. Campeón que terminó
viviendo en la calle.
Will Smith como Bennet Omalu
Viaje cotidiano con los muertos
En su
viaje cotidiano para descifrar el motivo de partida de sus pacientes, el estudiado africano encontró que, al jugar de centro
en la línea ofensiva, Mike Webster había recibido unos 70 mil impactos en la
cabeza a lo largo de su vida.
Se
le había desarrollado una enfermedad mental nueva: la Encefalopatía Traumática
Crónica en deportistas (CTE, por sus siglas en inglés).
Así
nombró Omalu a su patología que causaba deterioro mental. El hallazgo
logró publicarlo en una revista científica en colaboración con otros neurólogos.
Creyó
que un éxito como éste lo incluiría en la sociedad estadunidense para la cual era
invisible. Lo único que obtuvo fue una declaratoria a muerte por parte de la
NFL, entidad comercial que por cierto para la transmisión del próximo Super Bowl en unos
días, cobrará a los anunciantes cinco millones de dólares por 30 segundos.
Quién
con esas ganancias puede aceptar perder con teorías sobre los daños a sus
jugadores. Por eso, la investigación del forense desafió, sin proponérselo, a algo
sagrado.
Estupendo corredor de poder
Si Omalu
tuviera un posición en este deporte, sería un estupendo fullback o corredor de poder. Uno que avanzaría yardas y yardas gracias
a un líder de la línea de golpeo como Mike Webster.
Omalu
anotó el mejor touchdown sin haber
practicado en su vida.
Le
dio la victoria a su equipo, el de la ciencia, contra el del poderoso conjunto
de los dueños de la liga.
Una
jugada directa en la que el tacle ofensivo y el tightend o ala cerrada abrieron un hueco por el que cruzó el
nigeriano hasta las diagonales.
Omalu
se convertía hace unos años en el jugador más valioso del Super Tazón, pero de
la vida.
Provocaba
una tacleada letal a la NFL, gracias al bloqueo
del neurólogo Julian Bailes, quien era médico de los Acereros de Pittsburgh
en ese entonces y el cual terminó apoyando al africano.
Will Smith, Bennet Omalu y el director Peter
Landesman
La verdad oculta de las contusiones
cerebrales en la NFL
De
esta historia surgió Concussion, que
en México nombraron La verdad oculta y
que pasó desapercibida, casi sin hacerse notar, ni siquiera como la mecha de la
nitroglicerina que explotó contra Hollywood por su “falta de diversidad y la
ausencia de actores negros” para la próxima entrega de los Oscar.
Recordemos
que los primeros en protestar fueron el director Spike Lee y la actriz Jada
Pinkett Smith, esposa de Will Smith, actor principal de Concussion, contusión cerebral, en español.
La verdad oculta fue
muy agresiva para los jefes de la liga de americano… y quizá también para
los académicos de Hollywood.
Will,
Spike, Jada, hay que entender que no es fácil postular a un protagonista negro,
quien encarna a un gran personaje, también negro, que además es un inmigrante y
un investigador que con su hallazgo “ofende” a una institución.
Una
entrenadora, pero de actores, me comentó
que el trabajo de Will Smith fue por lo menos de un año, intensamente. De
convivencia, no sólo con el real Bennet Omalu, sino con inmigrantes africanos.
Lo que le hizo dominar un inglés golpeteado.
Sin
pensar mal en la redes omnipresentes de la celestial NFL, parece que el
director y guionista Peter Landesman y el productor Ridley Scott, ofendieron a
la liga… y a Hollywood, con su personaje y protagonista negros.
La verdad oculta
narra con congruencia esa parte importante en la vida de alguien que tienen un
sueño, el sueño americano, pero que en su viaje restriega sin querer lo que es
ética a sus nuevos paisanos.
Omalu
es Will Smith, o viceversa.
El
error de esta película es haberse hecho porque es el registro de lo que a los
estadunidenses les cuesta ver.
Sin
quererlo, La verdad oculta intercepta
un pase a la NFL y produce un balón perdido a Hollywood.










