El abrazo de la serpiente es
una película de esencia distinta.
Está
confeccionada con bellos hilos cinematográficos para la vestimenta de un viaje introspectivo a la cosmogonía de la
flora.
Propone
al espectador húmedo vuelo hacia una tierra de ensueño.
Ofrece
imágenes bicromáticas de un paraje onírico en medio de un irremediable conflicto cultural, el del fin de los pueblos amazónicos.
Es
un gesto audiovisual que presenta al ser humano que se extravió a causa de la
división, las guerras, el odio, la xenofobia… Pero también en una bondadosa búsqueda
espiritual.
La reflexión etnográfica parafrasea a
la sabiduría de los pueblos de la selva.
Busca la definición de fe para dos
mundos: uno occidental y otro que en su totalidad respeta el poder de la naturaleza;
que observa, huele, siente y escucha, pero que sobre todo, sueña.
La planta sabia, savia valiosa emana,
aunque sea ella tesoro para el hombre blanco egoísta.
Karamakate, 40 años después
Un chamán de nombre Karamakate olvida
sus conocimientos porque los blancos han llegado. También su avaricia. Aún
así, confía, siente que puede recuperar a su pueblo, el Cohiuano,
porque las
plantas y las estrellas así lo han dictado.
El
abrazo de la serpiente
abraza, pero también besa el aura. Recuerda en la pantalla al poder destructor
del colonialismo del humano civilizado pero también el sueño del hombre sabio.
El
director colombiano Ciro Guerra y su increíble equipo, sustancia en la pantalla
han dejado: realizan archivo de ficción que destroza realidad.
El
cauce de un río conductor da la verdad: que muchos pueblos, con todo y su
cultura, han sido exterminados y desplazados hasta el mar.
Bitácoras
científicas
La película está inspirada en las
bitácoras que realizaron dos exploradores: el etnólogo alemán Koch-Grunberg, quien
con sus anotaciones contribuyó al reconocimiento de algunas de las culturas de
la región; así como el botánico estadounidense Richard Evan Schultes, quien registró
las propiedades medicinales de algunas plantas como la Yukrona.
Schultes conoció en 1909
a Karamakate, cuando el chamán se auto exilia porque dice convertirse en un chullachaqui: ser vacío sin emociones o recuerdos.
Cuarenta años después viene a él Schultes.
Los exploradores no saben que lo que
buscan no es la piedra filosofal del conocimiento, sino lo que en ellos está
dentro.
El chamán conoce a uno y luego a otro
cuatro décadas después, tiempo que tarda en entender su último viaje onírico, su
misión final.
Antonio
Bolívar y Nilbio Torres son los dos indígenas que interpretaron magistralmente en dos tiempos a
Karamakate.
El estrujón de este reptil celuloide,
que tatúa epidermis, busca el Oscar como mejor película
extranjera.
También se exhibe en la Cineteca
Nacional.


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