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| Diego Herrera. Foto: Medios y Media |
Parecen ideas muy new agelas de Diego Herrera. Pero no, sólo es el sentir de un caifán que también podría ser también medio chamán.
Herrera es tecladista y saxofonista de la banda Caifanes, esencial grupo de rock mexicano. Además de productor y ser parte de esa conocida banda, ha hecho cualquier clase de experimentos: un viaje chamánico para conocer a nuestro animal de poder, la comunicación metafísica con nuestros seres amados a través del silencio, o, en un sentido más aterrizado, la musicalización de películas de todo tipo, así como series televisivas, labor que ya comparte con su hijo.
Es un incondicional de la música; es su vida, dice. Cada momento recuerda que su maestro, un hombre que ya no está con nosotros de nombre Claudio Naranjo, le dijo que el mejor vehículo para acercarse a Dios es la música.
“La música brinca en el cerebro pero pasa directo al corazón”, asegura Diego.
--¿Eres un incondicional de ésta, un facilón con ella? Se le bromea al músico.
--Sí. Hay un poco de todo. Hice música para publicidad, que tiene su lado.Scorespara cine… Es un privilegio vivir de lo que te gusta y no coincibo la vida de otra manera. La cosas que trascienden tiene tu esencia; las haces porque las quieres hacer. Hay otras que desarrollas por dinero pero al final, para mí ha sido muy importante perderme investigando, experimentando.
“La expresión sonora ha sido mi gran compañera, porque puedo agarrar una guitarra y a viajar... Ha sido un acierto irme por el camino de la reinvención constante. Aunque también hay que darse la oportunidad de los accidentes; es decir, irte por otros senderos”, afirma.
--¿Qué tan significativo es para ti el misticismo en la música?
--Lo es todo. Claudio Naranjo decía que el mejor vehículo para acercarse a Dios es la música. Una vez en Madrid, me invitaron a escuchar flamenco y durante la sesión no podía dejar de llorar; no entendía porqué, pero creo que hay un linkde vidas pasadas que me hace recordar siempre que el corazón es música, son beats.
Relata lo importante que fue en un punto de su vida encontrase con un chamán: “Vengo de una familia de terapeutas, y por fortuna caí con un hombre mágico a quien asistí por ocho años. Fue regresar a mi parte vulnerable, a saber quién era. Me metí en ese viaje para encontrar a mi animal de poder. Hicimos ceremonias de todo tipo: de fuego, de temazcales... Cosas interesantes, formadoras y aleccionadoras. La idea era apreciar lo que tenemos, que es mucho, aunque nos cueste trabajo verlo porque siempre apreciamos el jardín del vecino de enfrente.”
--El silencio está junto de ti, está en tus trabajos, en todo lo tuyo.
--Soy amante del silencio porque es una gran música. En ese trabajo que hice sobre él (Música del silencio) hay un parte que me costaba entender: que hay personas primordiales es nuestra vida que queremos y que son influyentes para nosotros. El caso de mi papá (a quien dediqué el disco) fue especial, porque él estaba perdiendo el oído, y para mí era difícil decirle que lo quería. Deseaba hacerlo antes de que se me fuera puesto que buena parte de mi herencia musical la tengo por él. Esa placa discográfica fue una cuestion de agradecer a muchos, como al chamán Thomas Lake o a Eugenio Toussaint, a quien le dediqué la pieza El príncipe.
Toussaint no lo sabía, pero Diego lo escuchaba ensayar en su casa, y eso fue lo que lo influyó pero no se dio cuenta hasta que el jazzista se murió hace unos años.
“En un punto en mi vida me disgusté con mi padre y me fui a rentar un cuarto con los hermanos Toussaint (Eugenio, Fernando y Enrique). Vivía en la casa de esos virtuosos, de los que aprendí mucho”, comenta.
Aunque el piano no le era ajeno, tocarlo en Música del silencio“fue un experiemento padre, aunque me dio miedo la exposición. Me costaba más trabajo tocar en un pequeño foro ante 30 personas que frente a las 80 mil que reunía Caifanes en el Zócalo”.
Herrera ha estado musicalizando series, pero recuerda el tiempo, antes de ser parte de Caifanes, que le tocó sonorizar películas, algunas de éstas de las llamadas videohome.
Relata que, “con un piano, comenzaba su trabajo. Luego me iba a una moviola (máquina usada en televisión y cine que reproduce imagen y sonido)en la que metía la película y cronometraba dónde entraba la música. Después, convocaba a músicos para interpretar las canciones. La verdad, no podías escuchar nada de lo que habías hecho en el momento. Pero ahora, tengo cuatro objetos con los que puedo grabar en un segundo. Era chamba chingona porque te encerrabas, pero la modernidad ha hecho que puedas previzualizar, inclusive o grabar todo tú solo”.
--¿Cómo se va a un mundo virtual sin perder esencia siendo un creador al que le gustaba sentir la madera del piano?
--Cuando comencé con Caifanes, había poco pero ya se comenzaban a desarrollar herramientas digitales para la música, pero no me animaba. Tenía un sintetizador Yamaha, que aguantó años; lo usaba para unas 200 tocadas al año. Tiempo adelante, descubrí Komplete Kontrol de NI, con el quehizo Heridos,sencillo que publicó Caifanes en marzo pasado después de 25 años sin canciones inéditas, la cual, para su beneplácito, ha sido muy bien recibida luego de haberla presentado por primera vez en vivo en el festival Vive Latino.
Comparte que ahora en la creación de scores, “lo importante es no perder de vista que la música es parte de algo. Hay saber qué estás acompañando, que trabajas en funcion de una imagen, un diálogo; qué estás componiendo y que eres parte de un ambiente. Me ha ido bien porque nunca he dicho: ésto va para atrás, no me gusta, no funciona. A veces no lo detectamos pero es notable lo que la música dice en un audiovisual.
Diego vive feliz con su familia en Cuernavaca, aún encerrado por la Pandemia. “No es diferente a lo que vivo. Soy un hombre encerrado, me meto en mis rollos. Con mi hijo estamos haciendo Muerte sin fin. Llevamos dos temporadas con esa chamba de estudio”, lo cual agradece.
--¿Las pleitesías sirven para decir: gracias?
--Más nos vale ser agradecidos. Claudio Naranjo decía: ‘si te haces grande eres incapaz de verlo pequeño’. Y de ello es lo que está hecho la vida. Es lo que te llena. Ponerse en lugares vulnerables es la clave de todo. Lo rutinario no tiene energía. Hay que estar abierto a lo nuevo.
--25 años con Caifanes ¿Cómo se mantienen los pies en la tierra?
–Cuando iniciamos con Caifanes perdimos los pies varias veces. Lograr la semilla de la gratitud es ver una tocada con mucha gente conectar con la emoción. Transmitir algo que mueva a la gente porque a veces somos autómatas. Amo dar gracias porque hay arroz, e inculcar en la vida el hacer lo que nos gusta.
--Se llama libertad y eso se ve en el amor al trabajo.
--La música es un vehículo para éso. Caifanes surgió porque queríamos hacer música como nosotros la deseábamos. La única limitación en la banda éramos nosotros mismos. Igual con toda la gente, la restricción es uno mismo. Hay que hacer las cosas y llevarlas a las máximas consecuencias… fluir, caminar, aprender.
--He sentido la autolimitación en muchos músicos de academia. ¿Hay una especie de yugo con el cuaderno pautado?
--La música es una chingonería. Las limitacions se aplican al ser humano más que sólo al músico. Uno es su propio juez y al que hay que controlar, porque es severo. La mayoría de las cosas que trascienden rompen los moldes. Crear es como comer… hay mil herramientas en todos los ámbitos con la tecnología. La Pandemia ha servido para tener tiempo para aprender...

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