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| La colombiana Luisa Nicholls |
Con su música quiere inspirar a otras a que se atrevan a soñar. Es Luisa Nicholls quien habla. Es cantautora, productora y una soñadora. Desde muy temprana edad, ene su natal Medellín, Colombia, descubrió lo que siempre fue su pasión: la música y el arte. Es una paisa aguerrida e intensa a la que le gusta experimentar, hacer todo lo que se pueda.
Desea “trascender, evolucionar; no limitarse a hacer lo que todo mundo. No aplicar las mismas fórmulas, el mismo sonido. Tratar de innovar, buscar una identidad”, comparte en entrevista.
Tiene su propio destello y es una partisana que pelea por quitar el prejuicio de que “todas sonamos igual”. Cada una, dice, es una artista dinámica, con carácter y autoridad.
Luisa se empodera con sus acordes, sus ritmos y sus armonías. Experimenta. No tiene miedo pero sí muy claro a dónde va. Ha ha sabido llevar su música por toda Colombia y ahora quiere por toda Latinoamérica.
Produce, compone y ejecuta. Puede, en alguna canción, crear sonidos de balada que a los segundos muten en urbanos. Le gusta explorar en la vastedad del estudio, que se vuelve su nicho creativo. En el año 2010, bajo el sello Codiscos, Luisa crea sus primeras 3 canciones: Atrapada, Play And Dance y Ya no quiero. Sonaron en la radio y televisión de su país y más tarde, la llevarían a firmar un nuevo contrato con Discos Fuentes, tradicional editora en Colombia, con la que grabó Bailando y El Chaka, Chaka. Su siguiente track, Bandido, de 2016, tuvo unas 330 mil vistas en Spotify.
Se fue a Miami en busca de internacionalizarse como cantante, compositora y productora. Ya fue parte de conciertos como el Fuego Music Festival 2019.
Desde niña tuvo claro que quería vivir de la música. Con ella cruzar fronteras y luego, inspirar a otras a “que se atrevan a soñar”.
Lo que la impulsa en la música son “sus ganas por seguir luchando. Las ganas de marcar la diferencia. De que sus canciones lleguen a todos los rincones, que inspiren. Ser embajadora de sueños”.
Cuando no está componiendo o en un escenario, le gusta estudiar, aprender. Es una obsesionada con obtener el conocimiento. “Producir, tocar, cantar, hacer ejercicio, ya sea montada en un caballo o en una motocicleta motocross… esa es mi vida”.
Su anhelo es “llenar escenarios, producir y componer para muchos artistas, pero lo más importante: contagiar de buena energía y ayudar a sanar a almas; todo, por medio de la música”. Y es compartida: tiene una halo especial para trabajar con otros artistas.
“Cuando trabajo con otros me siento como con un nuevo ADN. Como productora me gusta indagar en todo lo que tenga adentro el creador, lo que quiere proyectar. Ser parte de ese proceso para ayudarlo a entender y encontrar esa singularidad, que es algo, siento que falta o que no se procura en la industria”.
Considera que a muchos productores “les gusta hacer música por hacer, pero cada músico debe tener un sello, un sonido. Y esa es mi responsabilidad como productora: llevarlo a otro nivel”.
Revela que lo primero que hace es preguntarle “qué le gusta, qué música escucha, qué sonido le hace vibrar, qué letra, y entender su personalidad”, para sobre todo, a la gente darle más.
Para ella, lo más gratificante y lo que la llena de fuerza es ser “una embajadora que desea abrir puertas en pro de apoyar al poder femenino”.
Una de las fuentes de inspiración más grande que hay para ella es la naturaleza. “Es el ejemplo de vida más grande que podemos tener. Lo que me oxigena, lo que me recarga, lo que me conecta, lo que me hace llegar a las raíces y ver quién soy, de dónde vengo y a dónde voy”. Y eso lo representa en cada canción.
La belleza es para ella “el alma, conocimiento. Soy una persona sapiosexual, soy atraída por las mentes. Para mí esa es la belleza. No como uno se ve físicamente, sino lo que tienes adentro, como actúas y cómo te expresas. Cómo afrontas las cosas”.
Luisa se empodera con sus acordes, sus ritmos y sus armonías. Sabe que la mujer del siglo XXI es “la que no tiene límites, que es valiente; una guerrera que no teme y que no le importa el qué dieran. Aquella que no tiene miedo, pero sí muy claro para dónde va. Que sabe cuáles son sus pasiones y talentos; que está con toda la actitud para salir adelante para abrir esas puertas”.
Da saltos cuánticos para llegar a donde quiere, porque, dice, “es gratificante y me llena de fuerza hacer algo en donde las mujeres no somos aceptadas al cien por ciento. Donde nos toca ganarnos las cosas. Pero eso me encanta emprender nuevos caminos. El reto es lograrlo y ganarse el respeto; poder abrir el camino a otras compositoras y productoras”.
Está segura de que puede haber una balanza en “la que hombres y mujeres tengamos las mismas oportunidades en todos los ámbitos”.
Comparte que en la industria musical ha tenido que lidiar con la exigencia: “la industria te exige, porque o tienes que ser linda, o siempre te dicen que si eres mujer te va a costar trabajo llegar. Te comentan que tienes que hacer canciones demasiado exitosas o la inversión en ti para poder posicionarte tendría que ser muy grande.”
Reflexiona que ambos géneros tienen un lado femenino y un lado masculino. “Cuando plasmas música no hay diferencia de que algo suele como femenino o como masculino”.
Le entra a lo lírico al igual que a la tecnología, que en la música, para ella, es muy positiva, aunque “ya cualquiera puede hacer un beat, una letra, cantar o grabar, pero hay una cuestión: a veces la gente lo hace por negocio o porque está de moda, pero cuando se hace por pasión, es algo que mueve, porque es algo que deseas proyectar, contagiar con sensibilidad…”


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