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| Marcela Viejo. Foto: Facebook |
Marcela Viejo es de Monterrey. Es cantautora, DJ, feminista y humanista… toda una lista de lo que puede ser alguien que se atreva a aventarse a la incertidumbre de vivir del arte y a seguir lo que sueña.
La música es su vida. Casi tan esencial “como respirar”. Ha sido su “fiel compañera”, y, sin duda, “crearla y comunicar a través de ella”, es su pasión. Tiene carácter y autoridad.
Confiesa que en su patología por la música, se imaginaba cómo era el mundo luego de descubrir a grupos o artistas de diferentes países.
Hace más de tres lustros era parte de Quiero Club, grupo de indiepop representante de la escena alternativa en México que también fue conocido en Latinoamérica. Como solista, publicó en 2018 Pequeñas profecías, bajo la producción de Carlos Ann. Y desde 2016 forma parte de Mujeres En el rock, proyecto de acción social que “hace contenidos sobre inclusión, problemáticas de género”.
Actualmente vive en Barcelona, España, donde está produciendo un segundo disco mientras disfruta del mar Mediterráneo.
Desde que tiene uso de razón, la música es lo único que le importa en la vida. Asegura que “volaba mi imaginación escuchando cada layer (capa) que hay en las canciones; escuchando la línea de bajo, la batería, la voz principal, los coros y como toda la mezcla hacía una obra maestra”.
Estudió piano y en su adolescencia se fue a vivir España, donde se llevó su amor por la música. Creó el duo de DJ´s, Las Mink Suicidas.
Relata que el rompimiento que le dio luz a su dedicación fue que presenció un concierto de Le Tigre, banda estadunidense de electroclash formada por Johana Fateman y Katleen Hanna, quienes se caracterizaban por su activismo feminista. Hanna fue inspiración para Marcela: “si ella podía, yo también”, se dijo.
Al regresar a México, se compró un sintetizador de segunda mano y de pronto, ya estaba componiendo sus primeras canciones para Quiero Club, las cuales se presentaron antes de tener un disco grabado, en el festival Vive Latino, muy representativo del rock en Latinoamérica. La vida la condujo a velocidad luz al universo sonoro.
“Fue todo muy rápido y muy definitivo, y hasta hoy, cuándo tengo momentos de duda, la vida me vuelve a reafirmar ofreciéndome situaciones muy hermosas para recordarme que he venido a este mundo para comunicar a través de la música”.
Marcela recuerda que cuando comenzó había pocas mujeres, y todas eran vistas como “iguales”. Ahora, “con este despertar femenino las mujeres se atreven a aventarse la incertidumbre de vivir del arte y a seguir sus sueños. Sabiendo que seguramente se tiene que lidiar en la industria con la falta de credibilidad, o la típica pregunta: ¿quién te hace tus canciones? O, simplemente que en las pruebas de sonido intenten ‘ayudarte’ sin creer que eres capaz de setear (ajustar) tu equipo para buscar tu sonido”.
Da el ejemplo de que “las ingenieras de audio, o las técnicas son las que menos credibilidad tienen; aún existe la idea de que las mujeres son las cantantes de la banda pero que no tocan instrumentos y mucho menos, producen o saben de audio”.
Comenta que en la actualidad hay un despertar femenino y de consciencia colectiva. Por tal motivo, el hecho de hacer música “representa tener valor para romper paradigmas. Significa la luz en el camino, ya que con nuestra voz podemos dejar claro que tenemos el derecho de profundizar en el arte, la filosofía, las ideas… el derecho de explorar la vida a placer”.
Pero, en su mundo ¿habrá diferencia entre sensibilidad femenina y masculina? Responde que puede expresarse en alguna canción de forma más masculina y en otra, femenina, por igual. “Un músico hombre puede hacer una melodía femenina o expresarse de manera mas masculina. Realmente sí existen estas dos sensibilidades pero son sólo maneras de llamarle a cada una y no tiene que, intrínsecamente responder al género”.
No olvida que “hay que sortear con comentarios y preocupaciones familiares: ‘¿qué vas a ganar?’. Además de que hay que hacer un extra esfuerzo para ser valoradas musicalmente y quitar el prejuicio de que todas sonamos igual”.
Es otra creativa a la que le toca seguir abriendo espacios… Y lo hace con sus ideas, sus paradigmas acústicos, pero sobre todo, con su fina voz y el abrazo de letras hondas.
Ella trabaja haciendo las maquetas para sus canciones; compone y pre produce para que, con la colaboración de alguien más, afloren en su jardín policromáticos sonidos pop sutiles.
La creatividad para ella “tiene mucho que ver con la existencia. Somos parte de la creación y venimos a crear”.
Cuando ella se une a otro artista “sale una magia única, hay veces que surgen melodías sólo de sentarnos en el estudio. Hay otros con los que se planea más el proceso, y no hay una regla o método, lo que importa es colaborar sin ego y con ganas de divertirse y crear algo nuevo”.
Para eso, la ayuda de la tecnología “es una maravilla. Los estudios caseros suenan profesionales, lo cuál es ahorrar mucho tiempo… pero de nada valdría sin sensibilidad. Si se que crea por egolatría no se transmite nada, y lo valioso de la música es que haga sentir, pensar, reflexionar, que transporte a lugares imaginarios o que simplemente, te haga bailar”.
Cuando no está cerca de la música, asegura ser una persona que ama entrenar, aprender, saber más. “Que también ama a los animales y que le gusta reír y estar con sus amigos y familia”.
¿Cuál es el sueño actual de Marcela? “Que acabe la pandemia y empecemos a vivir en un mundo renovado y mejor”.


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