Escena de Los 8 más odiados
¿El cine y la música son artes
complementarias?
“No”, me respondió en una ocasión Ennio
Morricone, creador de más 550 bandas sonoras para películas y series de
televisión.
En una entrevista
que le hice en 2008 me dijo que “la
música es adjunta al cine cuando se compone ex
profeso. Cuando se crea una pieza
que no es para el arte visual es hablar de otra cosa: la música absoluta”.
Le cuestioné si el trabajo del compositor de música para cine había sido valorado. "La música se considera casi necesaria para el cine, tanto que a los compositores se les reconoce como autores”, dijo.
Morricone fue postulado el jueves para
obtener un Oscar por el score que
hizo para la película de uno de sus fans: Quentin Tarantino, quien recibió el
pasado domingo, en nombre del italiano, el Globo de Oro por las composiciones
para ese filme.
Al nivel de Mozart o Beethoven
En la ceremonia de los Globos, Tarantino aseguró Morricone era “su
compositor favorito". No se refería a compositores de música para cine, sino en
general. Lo puso al nivel de Mozart o Beethoven.
Morricone
había dado a Tarantino piezas para Django
sin cadenas, Bastardos sin gloria,
y para las entregas de Kill Bill.
Pero en 2003 dijo
que no trabajaría más con él porque colocaba la música “sin coherencia”.
También dijo que Django… no le había
gustado porque tenía “demasiada sangre”.
Morricone perdonó a Tarantino y ahora la música de Los 8 más odiados, melodrama filmado en 70 milímetros, busca el Oscar.
Del filme,
Jennifer Jason Leigh y Robert Richardson persiguen las estatuilla en las
categorías de actriz de reparto y director de fotografía, respectivamente. La de ella es intensa; hace de una freak que se alimenta del masoquismo y la rudeza. Lo que se opone al protagonista.
La cinematografía de Richardson dará pelea a la de Emmanuel Lubezki por El renacido.
La cinematografía de Richardson dará pelea a la de Emmanuel Lubezki por El renacido.
La academia estadunidense dio sólo tres
oportunidades a Tarantino. Se queda al margen de las categorías de mejor película y director. No cumplió para los miembros que entregan los premios. Pero hay que decir que su protagonista es negro. Como lo fue en Django sin cadenas, que le dio nada más el premio en el rubro de guion, en 2013.
Smartwestern
Tarantino hace su episodio del viejo oeste. Una comedia negra montada casi teatralmente.
El escenario más importante: una cabaña en
las montañas de Wyoming, el infierno blanco, en el que confluyen ventiscas, bandidos, cazarecompensas, colgadores y ex cambatientes. Son los años posteriores de la guerra civil estadunidense (1861-1865).
En este smartwestern, el ex militar Marquis Warren, encarnado por Samuel L. Jackson --en su séptima participación con este director-- es ahora un cazarecompensas que busca llegar un pueblo en el que cobrará el valor de dos cuerpos.
Su deseo se confunde: ganarse la
vida sanguinariamente o sólo evitar encontrarse con “cualquier blanco armado”.
Historia de tinta oscura con una descarga intensa de líneas que pueden conducir al sueño si
no se vuela a la par de los subtextos.
El poder de una ventisca. Puesta en escena en seis episodios
La
entrada del filme tiene el poder de una ventisca de las montañas de Wyoming en invierno, lugar donde podías morir por hipotermia o por una bala.
Un inicio apabullante en plano secuencia cobijado por maquiavélicas partituras de Morricone es droga que
coloca al espectador… arriba de una carreta de diligencia, y con rumbo a un poblado en el
que se ahorca a quien transgrede la ley.
Tarantino
se lanza a construir una puesta en escena dividida en seis episodios en un breve espacio.
Confía
en su texto. También en la fuerza histriónica de Samuel L. Jackson, Kurt Russell,
Walton Goggins, Tim Roth, Michael Madsen, Bruce Dern, Jennifer
Jason Leigh y Demián Bichir.
La foto
de Robert Richardson equilibra con la exuberante carga diálogos en una caja de madera en el bosque, en la que se refugian personajes con terribles biografías pero con legítimos deseos.




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