Una noche en La Habana me pregunté si algún día la
música electrónica llegaría a Cuba.
Pasaba unos días de vacaciones. Me hospedaba en el departamento de un edificio ubicado en el barrio del Vedado. Eran los años noventa. La espectacular vista nocturna de la capital cubana desde el piso 16 me hizo imaginar cómo sonarían los beats de cuatro cuartos, empleados en el tecno o el house, fusionados con toda la riqueza sonora de la isla. Regresé en 2001 como periodista. Esa vez registré para La Jornada lo que ocurría en el séptimo Festival de Rap de Alamar, al este de La Habana. Lo organizaba la cultural Asociación Hermanos Saíz con el apoyo del gobierno. Participaban grupos locales y artistas de España, Venezuela y Estados Unidos. Se hacía en el Anfiteatro de Alamar, entre otras sedes.
Ese año contarían ya con el auspicio institucional,
porque en ediciones pasadas era clandestino. Cualquier expresión que
no tuviera que ver con la cultura cubana oficial, lo era. Tiempo después me enteré de que había gustosos y
creativos de la electrónica, pero se veían limitados por la falta
de equipo, discos y apoyo estatal.
Festival Rotilla
Es conocida en La Habana, y ahora por la Internet, la
historia de Michel Matos, miembro de la Asociación
Hermanos Saíz y fundador del Festival Rotilla, rave que se
celebró por varios años en la playa Santa Cruz del Norte, en
Mayabeque, a 60 kilómetros de La Habana.
Antes de 2000, Matos y otros jóvenes amenizaban tocadas
en lugares en el barrio del Vedado. Luego tuvieron la suerte de
conocer a unos DJ's alemanes que, según él, les enseñaron a
pinchar. También les dejaron discos que hacían girar en fiestas
particulares, en las que casi siempre la policía llegaba para que la
bajaran a la música.
Organizaron un reventón en una playa para “no
molestar a nadie”. Les fue bien y en el 2004 un canal de televisión
alemán los invita a realizar una gira por toda Cuba. La idea era
promover la música electrónica a modo de “evangelización”,
ironizaba Matos.
A cambio de financiar la producción, los alemanes
filmaron todo. De ello surgió el documental Dancefloor, caballeros.
El periplo de raves terminó con el establecimiento del
Festival Rotilla, en el que DJ's de Cuba y de fuera del país, así
como músicos circundantes al género electrónico y Vjs, armaban
carnaval por tres días.
Baile, ron y compartir con la naturaleza al estilo
neojipi de los raves de otros lugares del mundo. Se
realizaba cada año en el mes de agosto y era gratuito.
La última fiesta en Rotilla se realizó en 2010, ya que
al siguiente año el gobierno decidió terminar con el acto. Según
dijeron los organizadores su festival había sido “secuestrado”.
Se acabó, pues.
Festival Rotilla, en una imagen de www.lajiribilla.co.cu
Destellos mediáticos
Ahora con el paso por La Habana de agrupaciones de todo tipo, parece que se allana más el camino.
Apenas, el pasado seis de marzo en la Tribuna
Antiimperialista en la capital cubana, se realizó un espectáculo a
gran escala proveniente de Estados Unidos. Fue la presentación de Major Lazer, integrado por los
DJ´s Diplo, Jillionare y Walshy Fire, populares por engendrar un
híbrido bastante superficial que mezcla
ritmos
caribeños con
dubstep
o house.
Música como para bar de spring breakers
que, por cierto, bailarían hasta con mariachi. Música para público
poco riguroso, que, sin embargo, llenó el foro.
Manana, en puerta
En Cuba, Manana es un concepto bien conocido. Se dice
que para que al artista pueda comunicarse con su público debe
tenerla. Es decir: “contar con habilidad, destreza, virtuosismo...
flow, filin. Es un sentimiento que nace en el alma del
artista”.
Festival Manana han bautizado a un
nuevo encuentro que se realizará del 4 al 6 de mayo en Santiago de
Cuba. Aprobado por el gobierno, uno de sus principales
objetivos, dicen los organizadores, es "preservar y desarrollar
en Cuba la música electrónica".
Pregonan que ésta “encontrará inspiración en el
folclor afrocubano para crear una poderosa mezcla que la enriquezca”.
Ahora, la apertura se gesta en el ámbito de las nuevas
tecnologías y fuera del centralismo cultural de La Habana. Se abre la puerta en Santiago, donde este encuentro
reunirá a propuestas internacionales de calidad con las
tradicionales de esa hermosa ciudad.
En el Teatro Heredia Santiago actuarán productores del
nivel del estadunidense Nicolas Jaar, del inglés A Guy Called
Gerald, o de los cubanos Diógenes y su Changuí (del mero Santiago).
Es una invitación para turistear en una ciudad
tradicional.
Incluso, promueven paquetes de transporte, hospedaje y
entrada a las presentaciones. Hay que ver si eso del turismo cultural no hace que la
audiencia cubana, ávida de nuevos temas, sea olvidada.
Por lo pronto, más beats en Cuba con sabor a son, rumba,
guajira y guaguancó.
Aquí, un set de A Guy Called Gerald



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