El
término música electrónica se ha banalizado quizá porque el mercado ha impuesto usurpadores
bajo el título de DJs. Ésos que ganan miles de dólares con sólo pulsar el botón
de play, ese del triangulito que viene en todo aparato reproductor y que
cualquier niño puede hacer sonar.
Claro,
sólo hacen la farsa y la pantomima de que están creando in situ una pieza o un set completo. Por ellos, el nombre de música
electrónica ahora ha perdido su significado.
Los
verdaderos diyéis son los que buscan nuevas formas, los que experimentan, crean
y recrean la esencia del arte del ruido. Son herederos de los alquimistas
electrónicos que existen desde principios de siglo XX.
De
estos ruidistas o hechiceros del sonido queremos hablar porque se ha editado una exquisita
compilación que reúne en dos discos a 28 de ellos. Son de diversas épocas.
Independent
Recordings produjo Antología de la música
electrónica y del arte del ruido, versión mexicana de la ya hecha por Sub
Rosa. Ambos sellos rescatan piezas en poder de otras disqueras, así como de diferentes
archivos para lograr este breve y bonito compendio musical.
Su
propósito: “explorar y establecer relaciones… ayudar a los oyentes a encontrar
su camino dentro de esta compleja nebulosa”.
Algunos
de los músicos incluidos comenzaron a crear electrónica para profundizar con su
trabajo hecho con instrumentos tradicionales.
Otros desarrollaron sus obras
sobre bases electrónicas. Algunos más, incluso, inventaron nuevas formas
de componer con medios nada ortodoxos.
El primer
disco comienza en el año 1921, con la irrupción de los hermanos Antonio y Luigi
Russolo, de quien me gustaría destacar una declaración. Luigi afirmaba que en
el siglo XIX con la invención de la máquina “nació el ruido, que hoy triunfa y
reina supremo sobre la sensibilidad del hombre”. El músico no fumaba hidropónica,
sólo era un pintor, teórico, inventor y compositor.
Muestra
también obras teórico-sonoras de Percy Grainer, Johanna M. Beyer, Pierre
Schaeffer, Iannis Xenakis, John Cage, Steve Reich, Faust, entre otros “investigadores”
y paisajistas sonoros.
La incesante vanguardia
La
segunda placa abarca del año 1977 al 2009. En ella están contenidas las
formas artísticas más revolucionarias de la incesante vanguardia.
La
selección es de piezas de Tuxedomoon, Autechre, Sonic Youth, Brian Eno, Einstürzende
Neubauten, DJ Spooky, Francisco López, Fennez… nigromantes de las notas que cuentan
historias a través de los electrones al vacío.
“La música no puede describirse sólo
como concepto o lenguaje”, me argumentó en una entrevista Brian Eno, quien se
consideraba a sí mismo como un no músico.
En otra ocasión, el artista conceptual y
escritor neoyorquino Paul D. Miller, mejor conocido como Dj Spooky, that
subliminal kid, me aseguró que luego de trabajar con el griego Iannis Xenakis en
el disco Kraanberg, descubrió que cada vez había más nexos entre la
academia y las nuevas tendencias sonoras de la música electrónica. Que
visionarios como Iannis Xenakis o John Cage, estuvieron indagando sobre este
tema.
Acá pueden oír la pieza que presenta Dj Spooky en este disco.
Bastante
destacable es el librillo del álbum. Toda una guía, hay que decirlo, medio
pacheco-clavada con la que se puede dar una idea de quiénes son estos magos de la acústica.
Estuvieron
involucrados en esta producción conocedores de este mundo
como Carlos Becerra (Independent Recordings), Steven Brown (Tuxedomoon) y
Guy Marc Hinant (Sub Rosa).
Tuvieron
el apoyo de otros entusiastas como Arturo Saucedo, Walter Schmidt y Solange
García.
En estas imágenes, este blogero con dos de los incluidos en el disco: Steven
Brown (arriba) en calles de Polanco y abajo, Blixa Bargeld, creador de Einstürzende Neubauten, en el Instituto Goethe


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