sábado, 21 de noviembre de 2015

El arte del ruido


El término música electrónica se ha banalizado quizá porque el mercado ha impuesto usurpadores bajo el título de DJs. Ésos que ganan miles de dólares con sólo pulsar el botón de play, ese del triangulito que viene en todo aparato reproductor y que cualquier niño puede hacer sonar.

Claro, sólo hacen la farsa y la pantomima de que están creando in situ una pieza o un set completo. Por ellos, el nombre de música electrónica ahora ha perdido su significado.

Los verdaderos diyéis son los que buscan nuevas formas, los que experimentan, crean y recrean la esencia del arte del ruido. Son herederos de los alquimistas electrónicos que existen desde principios de siglo XX.

De estos ruidistas o hechiceros del sonido queremos hablar porque se ha editado una exquisita compilación que reúne en dos discos a 28 de ellos. Son de diversas épocas.

Independent Recordings produjo Antología de la música electrónica y del arte del ruido, versión mexicana de la ya hecha por Sub Rosa. Ambos sellos rescatan piezas en poder de otras disqueras, así como de diferentes archivos para lograr este breve y bonito compendio musical.

Su propósito: “explorar y establecer relaciones… ayudar a los oyentes a encontrar su camino dentro de esta compleja nebulosa”.

Algunos de los músicos incluidos comenzaron a crear electrónica para profundizar con su trabajo hecho con instrumentos tradicionales.

Otros desarrollaron sus obras sobre bases electrónicas. Algunos más, incluso, inventaron nuevas formas de componer con medios nada ortodoxos.

El primer disco comienza en el año 1921, con la irrupción de los hermanos Antonio y Luigi Russolo, de quien me gustaría destacar una declaración. Luigi afirmaba que en el siglo XIX con la invención de la máquina “nació el ruido, que hoy triunfa y reina supremo sobre la sensibilidad del hombre”. El músico no fumaba hidropónica, sólo era un pintor, teórico, inventor y compositor.




Muestra también obras teórico-sonoras de Percy Grainer, Johanna M. Beyer, Pierre Schaeffer, Iannis Xenakis, John Cage, Steve Reich, Faust, entre otros “investigadores” y paisajistas sonoros.




La incesante vanguardia


La segunda placa abarca del año 1977 al 2009. En ella están contenidas las formas artísticas más revolucionarias de la incesante vanguardia.

La selección es de piezas de Tuxedomoon, Autechre, Sonic Youth, Brian Eno, Einstürzende Neubauten, DJ Spooky, Francisco López, Fennez… nigromantes de las notas que cuentan historias a través de los electrones al vacío.


“La música no puede describirse sólo como concepto o lenguaje”, me argumentó en una entrevista Brian Eno, quien se consideraba a sí mismo como un no músico.  


En otra ocasión, el artista conceptual y escritor neoyorquino Paul D. Miller, mejor conocido como Dj Spooky, that subliminal kid, me aseguró que luego de trabajar con el griego Iannis Xenakis en el disco Kraanberg, descubrió que cada vez había más nexos entre la academia y las nuevas tendencias sonoras de la música electrónica. Que visionarios como Iannis Xenakis o John Cage, estuvieron indagando sobre este tema. 




Acá pueden oír la pieza que presenta Dj Spooky en este disco.
 
Bastante destacable es el librillo del álbum. Toda una guía, hay que decirlo, medio pacheco-clavada con la que se puede dar una idea de quiénes son estos magos de la acústica.

Estuvieron involucrados en esta producción conocedores de este mundo como Carlos Becerra (Independent Recordings), Steven Brown (Tuxedomoon) y Guy Marc Hinant (Sub Rosa).

Tuvieron el apoyo de otros entusiastas como Arturo Saucedo, Walter Schmidt y Solange García.





En estas imágenes, este blogero con dos de los incluidos en el disco: Steven Brown (arriba) en calles de Polanco y abajo, Blixa Bargeld, creador de Einstürzende Neubauten, en el Instituto Goethe












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