Su tono
sepia, su narrativa y su aspecto son la magia que, desde las primeras tomas, traslada al espectador a ese ambiente polvoriento y triste de la época de la Revolución
Mexicana.
Se podría
pensar que se trata de más imágenes aburridas e institucionales sobre
ese movimiento social.
Ni siquiera
reconocer los rostros de Claudio Obregón, Eduardo López Rojas o Ernesto Gómez
Cruz, que se convertirían en maestros de la actuación, saca de la narración al
cinéfilo.
Se trata del
ejercicio creativo audiovisual de unos cineastas locos y atrevidos que experimentaron con
dar sensaciones de realidad a una obra de ficción, que al final resultó una
pieza rara.
Un lugar en la historia
Se han hecho
decenas de películas sobre la Revolución Mexicana, pero “sólo hay cuatro”, ironizó
alguna vez ante mi grabadora el maestro Felipe Cazals.
Hablaba de “las dos de Fernando de Fuentes (Vámonos con
Pancho Villa
y El compadre Mendoza), una de Roberto Gavaldón (Rosauro Castro) y Reed, México insurgente”.
Cazals
calificaba como “monografía” la que él había filmado: Emiliano Zapata.
Reed, México insurgente, dirigida por Paul
Leduc en 1970, fusiona una gran historia y la pasión de un grupo de alquimistas del celuloide, entre ellos, a la propia
productora Bertha Navarro, una de las más reconocidas en nuestra cinematografía,
así como al fotógrafo Alexis Grivas, personaje fundamental hoy día en el cine
mexicano. El guión es del propio Leduc y Juan Tovar.
Esta semana, la filmoteca de nuestro país y la de Bélgica realizaron el
anuncio de la restauración de esa cinta, basada
en la novela México insurgente: la revolución de 1910, del periodista y activista estadunidense
John Reed, quien en su obra realiza una excelente narración a ras de piso,
motivo suficiente para que los realizadores mutaran la historia a un drama
social.
Luego de su breve exhibición en salas comerciales a inicios de los años
setenta, la película se proyectaba en cine clubes como pieza extraña. Luego,
incluso se pudo ver por televisión abierta.
No fue hasta el año 2010 que, debido a su importancia, la Filmoteca de la
UNAM ideó la posibilidad de su restauración.
Dos años después, el negativo original de 16 milímetros, los duplicados de
35 milímetros y las pistas de sonido fueron donados por Bertha Navarro, poseedora
de los derechos del filme. Se logró un acuerdo para la restauración digital con
Nicola Mazzanti, director de la Filmoteca Real de Bélgica y la pulidita a esta
joya se pudo realizar.
Magia sepia
La cinta se
rodó en formato de 16 milímetros blanco y negro, y sonido directo. Pero para
proyectarla en las salas había que tener copias de 35 milímetros, las cuales al
final se hicieron en película virgen de color y se les dio un tono sepia suave.
En la Filmoteca de la UNAM dicen que debido a las malas condiciones
de los materiales originales en 16 milímetros y a la complejidad de la
reconstrucción de la película, el proyecto requirió muchos meses de trabajo. Después
de haber escaneado el negativo original a 2K e imprimir una copia de
referencia, fue posible reconstruir digitalmente el último corte del director.
Reed, México insurgente, “cabalga de nuevo”, dicen
con regocijo en la Filmoteca.


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