martes, 17 de noviembre de 2015

Pulen joya del cine nacional


Su tono sepia, su narrativa y su aspecto son la magia que, desde las primeras tomas, traslada al espectador a ese ambiente polvoriento y triste de la época de la Revolución Mexicana.

Se podría pensar que se trata de más imágenes aburridas e institucionales sobre ese movimiento social.

Ni siquiera reconocer los rostros de Claudio Obregón, Eduardo López Rojas o Ernesto Gómez Cruz, que se convertirían en maestros de la actuación, saca de la narración al cinéfilo.

Se trata del ejercicio creativo audiovisual de unos cineastas locos y atrevidos que experimentaron con dar sensaciones de realidad a una obra de ficción, que al final resultó una pieza rara.






Un lugar en la historia

Se han hecho decenas de películas sobre la Revolución Mexicana, pero “sólo hay cuatro”, ironizó alguna vez ante mi grabadora el maestro Felipe Cazals.

Hablaba de “las dos de Fernando de Fuentes (Vámonos con Pancho Villa y El compadre Mendoza), una de Roberto Gavaldón (Rosauro Castro) y Reed, México insurgente”.

Cazals calificaba como “monografía” la que él había filmado: Emiliano Zapata.

Reed, México insurgente, dirigida por Paul Leduc en 1970, fusiona una gran historia y la pasión de un grupo de alquimistas del celuloide, entre ellos, a la propia productora Bertha Navarro, una de las más reconocidas en nuestra cinematografía, así como al fotógrafo Alexis Grivas, personaje fundamental hoy día en el cine mexicano. El guión es del propio Leduc y Juan Tovar.






Esta semana, la filmoteca de nuestro país y la de Bélgica realizaron el anuncio de la restauración de esa cinta, basada en la novela México insurgente: la revolución de 1910, del periodista y activista estadunidense John Reed, quien en su obra realiza una excelente narración a ras de piso, motivo suficiente para que los realizadores mutaran la historia a un drama social.

Luego de su breve exhibición en salas comerciales a inicios de los años setenta, la película se proyectaba en cine clubes como pieza extraña. Luego, incluso se pudo ver por televisión abierta.

No fue hasta el año 2010 que, debido a su importancia, la Filmoteca de la UNAM ideó la posibilidad de su restauración. 






Dos años después, el negativo original de 16 milímetros, los duplicados de 35 milímetros y las pistas de sonido fueron donados por Bertha Navarro, poseedora de los derechos del filme. Se logró un acuerdo para la restauración digital con Nicola Mazzanti, director de la Filmoteca Real de Bélgica y la pulidita a esta joya se pudo realizar.

Magia sepia

La cinta se rodó en formato de 16 milímetros blanco y negro, y sonido directo. Pero para proyectarla en las salas había que tener copias de 35 milímetros, las cuales al final se hicieron en película virgen de color y se les dio un tono sepia suave.
En la Filmoteca de la UNAM dicen que debido a las malas condiciones de los materiales originales en 16 milímetros y a la complejidad de la reconstrucción de la película, el proyecto requirió muchos meses de trabajo. Después de haber escaneado el negativo original a 2K e imprimir una copia de referencia, fue posible reconstruir digitalmente el último corte del director. 

Reed, México insurgente, “cabalga de nuevo”, dicen con regocijo en la Filmoteca.



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