La
Cámara de Senadores argentina rechazó el proyecto que proponía legalizar el
aborto hasta la semana 14 de gestación y que tenía la aprobación de la Cámara
de Diputados. Treinta y ocho senadores votaron en contra de la iniciativa, mientras
que 31 lo hicieron a favor; dos se abstuvieron y uno estuvo ausente.
Para
muchos fue una derrota pero para otros: “un triunfo monumental”.
“Que
nadie se deje llevar por la cultura de la derrota. Bravo chicas, han levantado
alto la dignidad de las mujeres argentinas…”
“Todas,
de vuelta de pie porque si no sale hoy, el año que viene vamos a insistir: Habrá
ley… Nadie podrá parar a la marea verde”, color
que identifica la campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y
gratuito, que comenzó en el año 2005.
Esa
voz positiva se escuchó en el debate del
pasado 8 de agosto.
Fue
la del discurso del senador Fernando Solanas.
Conocido
también por el sobrenombre de Pino, el legislador percibió dentro de su fluido
de sangre, más bien de clorofila, el sentir de miles de mujeres argentinas como
Susana, quien fue violada por su esposo. O Mercedes, ultrajada sexualmente por
el padrastro.
“Cuántas
anécdotas más se podrían saber”, revelo Pino Solanas mientras los legisladores
realizaban la discusión histórica
que fue seguida fuera del Parlamento en Buenos Aires por una multitud, en el marco de
una tormenta de lluvia, tal y como secuencia cinematográfica de suspenso.
El
legislador Pino, activista social y cultural, ha captado con sus cámaras
la historia de la gente en su país. Hace cine que es reconocido en el mundo.
“Sinceremos
el discurso, acabemos con la hipocresía de la clase dominante”, dijo un Pino
parlante, que no se anduvo entre las ramas y que destacó que los opositores a
la iniciativa fueron “los de siempre: sectores
ultraconservadores”, que no quieren las luchas sociales.
Pino
Solanas, soltando sus piñones como proyectiles de guerra, se sinceró ante los
senadores: dijo haber vivido de cerca el tema.
Contó
que a los 16 años se enamoró de una chica de la misma edad. La familia se
oponía, pero “nos amamos y al final quedó embarazada… entró en pánico
perseguida por la represión social de la familia y terminó haciendo un aborto
clandestino. Casi muere por una infección... Viví el pánico de esa chica y no
quiero una juventud con eso”.
Desde
su curul, el conífero-cineasta también habló del goce como “derecho
humano” y de la Iglesia católica, con la cual no concuerda en muchas de sus
políticas; así como “de las leyes que perciben a la mujer “como descartable, a
la mujer que es tutelada, o sólo incubadora”.
El
gran Pino, a quien agradezco haberme enviado el link de su video, gira con la
fuerza del más justo viento para asestar sus palabras:
“Que
más tiene un pobre si no le queda el derecho de amarse...”
El
discurso de Pino Solanas:

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