jueves, 2 de agosto de 2018

La mirada de Theo




Theo Angelopoulos en un hotel de Salónica, Grecia, en 2009



Una mirada plasmada en una fotografía captada en 2009 en un hotel de Salónica, Grecia, regresó a mi mente.

En la gráfica se ven unos ojos que, seguramente, vieron cómo el mundo se deshumanizaba. 

Pero también los cuales descubrieron la manera de contrarrestar, por medio de la expresión artística, esa perdida humana.

Una vista que luego pudo transformar lenguajes visuales en bucólicos; en una poética de la imagen que expresa realidades.

Es la foto en la que aparece el cineasta Theodoro Angelopoulos. 

La tome justo antes de una charla que tuvimos en el mencionado hotel durante un festival.

En ese inmueble art decó cerca del muelle desde el cual se ve de frente el Monte Olimpo, me comentó que él hacía películas de poesía porque creía que eso nos permitiría vivir y sentir todo de una mejor manera.

Su consejo era abrir un libro y leer un poema. Que eso produciría dulzura en el alma; algo así como una caricia. 

Su sincera vista era la misma que, valiente, había planteado lo que sentía por medio del celuloide; su manera de ver el mundo.

El recuerdo de la fotografía de ese hombre de bajo perfil y observación profunda, sería por la noticia que Phoebe Angelopoulos, su viuda, daba.

Phoebe, como muchos otros habitantes griegos de la localidad Mati, sobre la costa oriental de Atenas, pudieron salvarse de un incendió que devastó la zona, pero sus casas no. Ahí estaba una donde Theo pasaba los veranos junto a ella y sus tres hijas, hasta que en 2012, mientras rodaba un largometraje en Atenas, un extraño accidente lo mandó a otro plano. 

En el siniestro de pasados días en Grecia se perdieron sus libros, sus cartas y los poemas que Angelopoulos escribió y que guardaba su amada.

Esa mirada nostálgica de la foto vino a mis archivos internos para recordar también una escena. Y no hablo de alguna de sus películas, sino la que se quedó plasmada en mí y que reproduje en las páginas de La Jornada y en el libro Alquimia Audiovisual.

Una toma que observé en plano medio en el lobby del mencionado hotel de Salónica.

El shot meta audiovisual se dio una tarde en la que esperaba platicar con el cineasta.

En el momento de la acción, se escucha la voz de un sencillo hombre, muy serio, el cual apenas había salido de un elevador.

“Werner”, dijo el menudo caballero que había visto entrar a alguien por la puerta principal del hotel. Era Werner Herzog, otro realizador reconocido en el orbe y al que le realizarían un homenaje en esa ciudad.

Herzog acababa de llegar a hospedarse y Angelopoulos bajaba para conmigo encontrarse. 

Ambos personajes se fundieron en un abrazo, más que de colegas, de dos muchachos que narran con la lente. 

El close up de Theodoro que fotografié me hizo olvidar lo del siniestro y me llevó a entender que los verdaderos archivos son los que se incrustan.

Uno de ellos fue cuando lo descubrí, más bien a su cine. Fue en una sala de la Cineteca Nacional, donde unos 10 espectadores degustamos La mirada de Ulises, la mirada de Theo…



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